
Este evento macro, realizado desde ya hace varios años, donde las antiguas administraciones daban permisos sin tener en cuenta los derechos de los habitantes de Cartagena; ahora con esta nueva Administración se encuentra "en vainado" el
Summer Dance Festival 2009, es decir, aún no les han dado los permisos correspondientes a este evento; mas sin embargo, en la página principal de este evento, dice que el evento no tiene ningún inconveniente sólo varía la locación. (Yo, personalmente todavía no sé donde es, en
Tu boleta dice que en Arjona, a las afueras de Cartagena).
El paquete para los tres días tiene un valor de $260.000.
Venta de tickets:
Tu Boleta (Nivel Nacional), Almacenes Diesel y Pilatos (Medelln, Cali, Bogot-C.C Andino, Pereira, Cartagena), Mr Cocktails (Todos los puntos), Leallicor Calle 10, Domicilios 4441920.
Por otro lado, la prensa local en su editorial cuanta otra cosa distinta. A continuación hice un "corte y pegue" de la página virtual de El Universal, para tomar otro referente a este tema para tener más claridad sin antes terminar diciendo, que no tengo certeza si se está realizando o no este Festival Electrónico donde se espera un aproximado de 23mil personas.
*Un "rollo" de veranoEl Universal de ayer daba cuenta del impase por el evento de música electrónica llamado “Summer Dance”, el que ha armado bártulos varias veces antes de obtener los permisos correspondientes, y se los han hecho recoger sin concedérselos.
Todos recordamos la barbarie de eventos como este en años pasados en Cartagena, cuyo ruido desvelaba a barrios enteros con una impunidad sorprendente. Las autoridades ambientales de entonces conocían su deber, pero escurrían el bulto misteriosamente durante las noches de desmanes de los eventos mencionados.
Era un descaro solo explicable por el talante de las administraciones de entonces, que daban los permisos contra los intereses de la ciudadanía, sin hacer cumplir las normas.
Llama la atención que los organizadores de un evento cualquiera crean que pueden instalarse en un lugar antes de tener los permisos, y que además reclamen airadamente cuando se los niegan, como si el Distrito estuviese obligado a concederlos.
Pueda ser que alguien, quizá algún “mecenas” del pasado, no convenza a los empresarios de fuera que ahora también tienen cómo hacerles “la vuelta”, y que por eso hay quienes consideren que la autorización es un hecho cumplido.
La pretensión de hacer eventos musicales con un sonido tan alto y que se esparce tanto es sorprendente, porque el sentido común indica que la libertad de cada cual termina donde comienza la del vecino, y todos tenemos derecho a un descanso sin estridencias, no importa cuánto paguen los empresarios en impuestos o den en favores.
Pero si el ánimo de lucro y el espíritu de abusar son tan grandes que impiden aceptar razones de buena educación como las de arriba, afortunadamente hay leyes ambientales que definen con exactitud cuál es el límite del sonido permitido en los espectáculos públicos. Los de música electrónica y otros similares con grandes parlantes no los cumplen y no deben ser autorizados en lugares donde molesten a los habitantes.
Por otro lado, estos eventos viajan a Cartagena con buena parte de su propio público cautivo y le hacen a la ciudad un favor bastante pobre al venir, ya que le quitan alguna gente a los centros nocturnos locales que pagan impuestos al Distrito todo el año, además de que la mayoría se abstiene de promocionar alharacas similares, aunque aquí también hay excepciones.
Cartagena tiene que darle la bienvenida al turismo y a muchas clases de eventos distintos, incluidos los de música electrónica, pero en lugares que garanticen que no abusarán de un vecindario ni de una sola casa, y en donde las autoridades puedan garantizar la seguridad de los asistentes y de los empresarios. Para eventos tan multitudinarios se requieren bastantes elementos policiales y logísticos, además del riesgo del “carreterazo” posterior para volver a Cartagena cuando se hace en las afueras.
Está muy bien que las autoridades cumplan con su deber y no se dejen presionar por la alevosía de los empresarios cuando creen que la ciudad se les tiene que rendir a los pies y permitirles los desmanes que se les antojen.
*Un "rollo" de verano, tomado de la prensa local
El Universal